En mi primera entrada os hacía referencia a ese primer poema que escribí cuando tenía 8 años.
Ahí va:
Un día oí tu canto y me guiaste, te cogí y me gustaste. ¡Qué suave eras! ¡Y tan bella! Me gustaría llevarte a mi madriguera.
Fijaos que curiosas son las cosas que, intentando recordarlo, lo saqué del fondo de mi mente y cambié «me gustaste» por «me asustaste». Ese cambio al original, el cual os he escrito aquí, son trampas de la mente. Porque ahora estoy asustada e insegura por acontecimientos recientes en mi vida.
Este poema, si no recuerdo mal, lo escribí en primavera y puedo recordar perfectamente que me refería a ella y a un conejito blanco que había en mi mente en aquel momento. Sin más.
Y es que la primavera es la estación que más me gusta (nací en primavera) y la que más malos ratos me ha hecho pasar con la enfermedad porque, como todos sabéis «la primavera la sangre altera».