Esta parte de «Nocturno a Rosario» de Manuel Acuña es mi poema favorito. Lo descubrí en un libro de Lengua y Literatura de 1º ESO en el instituto, cuando no había aún ni rastro de mi enfermedad.
Me gustó tanto que lo copié en un bonito papel y lo colgué en mi tablón de estudio en casa de mis padres y lo leía cada día varias veces hasta que lo memoricé. Me parece maravilloso. Hoy en día ya no lo recuerdo tan bien pero aún puedo recitar algunos versos que han permanecido conmigo tras tantos años después. Os pongo aquí esa parte que puse en mi tablón:

Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro, 
decirte que te quiero
con todo el corazón,
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro, 
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras, 
tan negras y sombrías, 
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir. 

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos, 
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

A veces pienso en darte
mi eterna despedida, 
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida, 
¡qué quieres tú que yo haga, 
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!

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