
Eres como un libro abierto,
con aún espacio de folios blancos
para escribir tu historia,
para escribir la nuestra.
Con tu mirada clara y
con tu corazón noble,
eres maravilloso,
eres amor,
eres vida,
eres mi pasión,
eres mi perdición,
mi ilusión.
Te quiero amor.
Te quiere mi alma,
te quiere mi corazón,
te quiero yo.
Hasta lo más profundo de mi ser,
hasta que duele y da vida,
hasta que renace de sus cenizas.
Gracias por ser tú,
gracias por darme calor,
gracias por dejarme ver tu alma,
gracias por tu amor.
A David
22.04.26 a las 00.46h
Hola mor, buenos días. Sí, sí, a ti, hoy te escribo a ti porque quiero gritar al mundo que te quiero, que me haces feliz, que eres el hombre de mi vida y que quiero envejecer a tu lado. ¿Qué a veces pasamos por malos ratos? ¿Qué a veces te doy malos ratos? ¿Qué otras veces me los das tú? Pues eso nos lo recordó y confirmó el notario en nuestra boda, en el día más feliz de mi vida porque fue contigo. En ese despacho de mobiliario de madera buena, precioso, mágico, el sitio perfecto para unir mi vida a la tuya firmando un papel. En aquel salón Antonio Banderas también con una mesa de madera gigante preciosa (qué nos gusta la madera buena, jajajaja), en la que fuimos trece personas. Estuvieron TODOS los que tenían que estar y no faltó NADIE. Y a ese día perfecto, le siguieron muchos más y otros imperfectos, difíciles, emocionantes, excitantes, tristes, alegres, felices, desafiantes, irritantes, desesperantes y otros sin más, pero siempre, SIEMPRE con amor. Porque eres mi amor, porque eres mor. Te quiero tal y como eres. Cuando estás gruñón, cuando te enfadas, cuando estás feliz y cuando me miras con esos ojos de mirada clara que son incapaces de mentir porque, tú lo sabes, tu mirada nunca miente. Y yo me refugio en tus ojos, en tus manos, en tu corazón y en tu alma. Como tú en mí. Como me gusta hacerlo a mí. Cielo, te quiero hasta que me duele, porque me das vida.