¿Alguna vez has visto una rosa marchitarse
o el canto de una golondrina morir?
¿Alguna vez has oído el cómo de una hoja al caer
o el crujido de mil corazones cuando dejan de latir?
¿Alguna vez has saboreado el sabor amargo del dolor
cuando ese dolor se te clava rompiéndote sin dejarte vivir?
¿Alguna vez has olido como un cuerpo arde
dejando todo su sufrimiento de aquel baúl gris?
¿Alguna vez has sentido todo eso en tu piel
viendo como te ciega, te ensordece y te deja sin aliento para sentir?
¿Alguna vez pensaste que tanto daño es posible
que lo soporte el mismo corazón y las mismas manos por ti?
Alguna vez... ¿alguna vez huiste de lo que no pudiste
y corriste hacia ese lugar y te clavaste mil espinas, sí?
¿Alguna vez amaste como yo a ti? 


Este poema lo escribí con 17 años cuando me dejó un novio por el que perdí la cabeza, al que amaba profundamente. Tal vez y probablemente lo viví tan intenso porque a esa edad las hormonas te invaden. Pero lo pasé realmente mal cuando me dejó.
Tengo la teoría de que este chico despertó mi enfermedad porque que me dejara fue un trauma fuerte para mí en ese momento. Porque, según he escuchado, tener una enfermedad mental está en tus genes y puede que haya un acontecimiento en tu vida que despierte ese gen o que pases todo tu vida sin que pase nada y ese gen esté dormido siempre. Puede que me equivoque y que no sea así, no lo sé.
Pero a este chico, a día de hoy, no le guardo ningún rencor. Al contrario, hace tiempo decidí que quería quedarme con las cosas bonitas que tuve con él. Porque el tiempo que estuvimos fue maravilloso y esos momentos tan buenos son los que he decidido quedarme. Pienso que es una buena elección.
Descarta lo malo y quédate con lo bueno. Si decides quedarte con lo malo, el sufrimiento es para ti. De nada sirve llevar un rencor que para nada te beneficia. En el perdón está la paz de tu alma.

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