«Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en LA PAZ que se puede encontrar en el silencio.
En cuanto te sea posible, y sin rendirte, mantén buenas relaciones con todas las personas.
Enuncia tu verdad de una manera serena y clara.
Escucha a los demás, incluso al torpe e ignorante porque también ellos tienen su propia historia.
Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio para el espíritu.
No te compares con los demás pues te volverás vanidoso o amargado porque siempre habrá personas más pequeñas y más grandes que tú.
Disfruta de tus éxitos igual que de tus proyectos.
Mantén el interés en tu carrera por humilde que sea, pues es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos.
Sé sincero contigo mismo. No finjas el afecto.
Y no seas cínico en el amor, pues en medio de todas las arideces y desengaños… EL AMOR es perenne como la hierba.
Sé benigno contigo mismo.
Tú eres una criatura del Universo no menor que las plantas y las estrellas y TIENES DERECHO A EXISTIR.
Y sea que te resulte claro o no, el Universo marcha como debiera.
Por eso debes estar en paz con Dios cualquiera que sea tu idea de El, y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones. Conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso.
SÉ PRUDENTE.
ESRUÉRZATE POR SER FELIZ.»

Año 2000. PacoR



Esta preciosa Desiderata, que fue escrita por Max Ehrmann, nos la dio mi profesor de Historia y Geografía de 1º y 2º de E.S.O., Don Francisco. Ha sido el único profesor en toda mi vida al que he llamado ‘Don’. Y se lo merecía. Era todo un señor. Un profesor amable, que se implicaba, que se preocupaba, que nos trataba con cariño, al que le importábamos y buena persona. Y es de valorar porque no siempre es así. Aunque yo tuve suerte y muchos, la mayoría, sí fueron así. Fue un gran profesor y digo fue porque sé que está jubilado. Yo, desde que salí del instituto me pasaba a saludar a mis profesores todos los años sin falta. Uno de mis profesores de Filosofía me dijo una vez, cuando ya habían pasado unos pocos de años desde que salí del instituto, «Zulue, eres la única alumna de tu promoción que sigues viviendo cada año a saludarnos». Me lo tomé y así fue como un cumplido. Así soy yo, cojo apego a las personas, a las buenas personas que me han tratado bien. Porque con mi enfermedad, que me brotó por primera vez en el instituto, todos mis profesores en general me apoyaron muchísimo. Desde aquí le doy las gracias a todos porque se portaron de 10. GRACIAS DE CORAZÓN.
Y continuando con Don Francisco, me pasó algo con él el último año que me pasé por el instituto a saludar (ese año estaban ya todos o casi todos mis profesores jubilados y dije «ya, esta es la última vez que vengo»). Ese último año me lo encontré en la cafetería que había al lado del insti, donde profesores y alumnos mayores iban a desayunar. Para poneros en situación, cuando yo estudiaba con él, siempre hablaba de un antiguo alumno suyo (no sabíamos de qué época porque cuando me dio clase ya llevaba unos cuantos enseñando). Este alumno era el alumno perfecto al que todos debíamos o deberíamos querer imitar. Pues bien, continúo. Ese último año que me lo encontré, no sé cómo, terminamos hablando de ese alumno y me dijo «Sabes Zulue, en mis últimos años de carrera (ese año ya estaba jubilado) ese alumno perfecto de quien yo siempre hablaba eras tú. Eras una alumna que siempre, siempre venías contenta y de buen humor cada mañana, eras animada, ayudabas siempre a tus compañeros y sacabas buenísmas notas en todas las asignaturas». No sabéis lo que me llenó aquello, no os lo podéis imaginar, qué ilusión me hizo. Porque en su día, cuando hablaba de ese alumno, yo lo admiraba deseando alcanzarlo y… ¡lo alcancé! Me convertí en la alumna perfecta de Don Francisco. ¡Qué honor!
La parte final para mí en el instituto fue dura porque la enfermedad me brotó y era un huracán incontrolable al principio. Luché mucho por sacar 2º de Bachiller con notas raspadas cuando yo, antes de ella, sacaba notazas en todo. Pero, desde luego, me quedo con los profesores que me acompañaron todo el camino. Fueron fabulosos y me apoyaron de una manera increíble. Solo puedo decir GRACIAS. Qué palabra más simple para significar tanto.

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