
Este precioso relato corto que os pongo a continuación, el cual no podía dejar de compartirlo con vosotros, escrito con tanto mimo y sutileza, lo escribió mi suegro para mí. Me hace muchísima ilusión porque yo escribo mucho sobre otras personas o situaciones. Pero poco o nada me escriben a mí. Gracias por este magnífico regalo suegro. Tengo mucha suerte con mis suegros. Con mi suegro conecto muy bien y mi suegra es maravillosa. Ambos me tratan super bien. Y además mi suegra me procuró una entrada en la familia fantástica. Gracias suegra. Ambos sois maravillosos.
«No recuerdo su nombre pero sí sé que algún día lo recordaré.
Sé y recuerdo perfectamente que era uno de esos días grises y apagados. Uno de tantos. Uno más.
Las nubes ocultaban la alegría del Sol y aún así se podía ver cómo los gorriones acurrucados entre las hojas de los árboles se protegían de la fina pero constante llovizna que mojaba las calles y empapaba mi alma.
No logro acordarme de su nombre, aunque sí recuerdo el color verde esperanza de su chubasquero a juego con su paraguas y, al mismo tiempo, sus diminutos brincos intentando sin conseguir esquivar los pequeños charcos de agua que en algunos trozos de acera se acumulaban.
No sé si algún día recordaré su nombre pero sí recordaré que estando yo mojado de tristeza y calma, se me acercó y mirándome con ese tierna y sincera sonrisa me dijo: Sé que saldrás. Al mismo tiempo que dejó caer unas monedas en mi escudilla ya con un dedo de agua pero llena de agradecimiento.
¿Cómo te llamas? Me llamo… Estoy segura que volveremos a vernos.
Sigo sin recordar su nombre aunque con atisbos de hacerlo.
Siguió su camino brincando y ahora sí, esquivando los charcos que había en la acera. Incluso creí haberla oído cantar.
Sé aunque sin conocerla, que estaba feliz.
No recuerdo su nombre. Yo la llamaré Felicidad.
A mi niña. Por ella y para ella.»